El “efecto pregunta-conducta” aplicado a la salud

Question Behaviour EffectA veces, la mejor estrategia para promover un cambio en la conducta es emplear una técnica sencilla. No hacen falta grandes intervenciones. En una suerte de “minimalismo psicológico”, menos es más. Así ocurre con el uso de intenciones de implementación, por ejemplo; y también con el llamado “efecto pregunta-conducta” (question-behaviour effect, QBE). Sorprendentemente, en ocasiones podría ser suficiente hacer algunas preguntas para cambiar la conducta. Sócrates estaría encantado con esta “mayéutica conductual”.

Un equipo de investigadores de las universidades de Sheffield (UK), Leeds (UK) y Laval (Canadá) han estudiado el efecto que el mero hecho de preguntar a alguien por sus intenciones puede tener sobre su comportamiento relacionado con la salud. Y según parece, al pedirle a una persona que nos diga cuáles son sus intenciones, o al indagar sobre qué piensa sobre algo o cómo lo evalúa, estamos contribuyendo a modificar su comportamiento…haciéndolo más proclive a dar el salto que va de la mera intención a la acción efectiva.

En realidad se trata de un efecto que ya se conocía. En metodología, de hecho, suele ser un problema y todo aprendiz de investigador es advertido -habitualmente con gran dosis de misterio, como se comunican las cosas serias y esotéricas, aunque sea en la ciencia- de que “observar un fenómeno es ya modificarlo“. Es decir, que tomar datos del sujeto experimental puede alterar su comportamiento, introduciendo ruido en el diseño experimental. Pero este incómodo efecto tiene su utilidad en el pragmático mundo de la intervención psicológica. Así, se sabe que preguntar a alguien sobre sus intenciones relacionadas con la salud tiene un efecto sobre sus buenos hábitos de alimentación, la práctica de ejercicio físico, la donación de sangre o la asistencia a revisiones médicas, entre otros comportamientos saludables. Más aún, el “efecto pregunta-conducta” parece que da lugar a cambios en la conducta relacionada con la salud similares a los que se producen empleando técnicas más complejas, con la ventaja de que se trata de una intervención sencilla y de bajo coste.

Chantelle Wood y sus colaboradores han ido, sin embargo, más allá y han tratado de analizar el mecanismo en que se basa este curioso efecto. Su hipótesis sostiene que preguntar a alguien por sus intenciones hace que las actitudes que tiene hacia la conducta-objetivo sean más accesibles en la memoria, y que esta mayor accesibilidad a su vez incrementará la probabilidad de que la actitud se traduzca en conducta.

Para someter a contraste su hipótesis, Wood et al. (2013) diseñaron un experimento en el que incluían tres grupos. En uno de ellos (grupo experimental, n=51) los participantes eran preguntados, mediante una batería de cuestiones, sobre su intención de tomar alimentos sanos; mientras que los otros dos grupos eran condiciones de control, en las que se preguntaba a los participantes por sus intenciones respecto de otro tema (n=50) o bien se les pedía realizar una tarea irrelevante (n=50). Una vez realizada la manipulación experimental, se evaluaba la accesibilidad de las actitudes hacia la comida sana en todos los participantes mediante una tarea de latencia de respuesta, un procedimiento habitual para conocer en qué medida un contenido está disponible en la memoria.

Sólo quedaba ahora medir la conducta real de los sujetos, y para ello los investigadores idearon un ingenioso procedimiento: una vez concluidas las tareas, cada participante entraba en una sala donde encontraba dos bowls, uno lleno de fruta sana y otro repleto de unas -menos saludables- barritas de chocolate. Como agradecimiento por su colaboración en el experimento, el sujeto podía elegir una cosa de uno u otro recipiente. ¿Habría diferencias entre el snack que elegían los sujetos experimentales y los miembros de los grupos de control? Previamente, hay que decir que los investigadores habían introducido en el diseño precauciones suficientes para evitar que los participantes averiguasen “de qué iba” todo aquello, o para detectar esta fuente de contaminación experimental en caso de que así hubiera sido. Pues bien, los resultados pusieron de manifiesto que el grupo al que se había preguntado por sus intenciones de comer sano eligió una mayor proporción de fruta, en comparación con los sujetos de las otras dos condiciones. Es decir, el “efecto pregunta-conducta” se confirmaba una vez más.

Fuente: Wood et al., 2013

Fuente: Wood et al., 2013

También de manera consistente con la hipótesis de los investigadores, las actitudes hacia la comida sana eran más accesibles para los participantes a los que se preguntó por sus intenciones respecto a la alimentación saludable. Los datos apoyaban la existencia de un efecto de mediación, según el cual la accesibilidad de las actitudes hacia la comida saludable se incrementaba al preguntar a la persona por sus intenciones, y esta mayor accesibilidad de la actitud aparecía conectada con la elección y consumo de comida sana.

En definitiva, Wood et al. (2013), mediante un experimento más bien sencillo, logran arrojar luz sobre el mecanismo que explicaría una técnica de cambio conductual también sencilla, el “efecto pregunta-conducta”. Ahora, y puesto que este blog trata de cuidar a sus lectores, sólo me queda plantear una pregunta: ¿Comerás alimentos sanos en las próximas semanas?

Puedes acceder al artículo de Wood et al. (2013) aquí. (Sólo abstract en abierto)

Fotografía de encabezamiento: Question Mark, by Karen Eliot.

Referencia:
ResearchBlogging.orgWood C, Conner M, Sandberg T, Godin G, & Sheeran P (2013). Why does asking questions change health behaviours? The mediating role of attitude accessibility. Psychology & health PMID: 24245778