Narrativas de la emigración: conservar y construir identidades

Brabete&Gruia2013

Igual que una imagen vale más que mil palabras, una escena de la vida cotidiana puede a veces resumir un artículo de investigación. Hace unos días entré en un bazar. Detrás del mostrador, un hombre de rasgos asiáticos y mediana edad pronuncia palabras en su idioma natal; su hija, sentada cerca de él, responde a cada palabra del padre con el equivalente en español. Minutos después, invierten los papeles en el juego. La niña, de apenas seis o siete años, parece llevar siempre ventaja…sus respuestas son más rápidas, decididas, seguras. Juntos, padre e hija comparten un bowl de comida oriental, mientras su aprendizaje prosigue. A veces, mientras su padre piensa una respuesta, la chica tararea lo que parece ser una canción tradicional.

Aunque no se centran en población asiática, sino en emigrantes de la Europa del Este que se desplazan a España, Andreea Brabete y Arina Gruia, han estudiado el impacto de la experiencia migratoria de las familias sobre la adquisición de una nueva cultura por parte de la primera y segunda generación. Para ello, emplean una metodología cualitativa basada en el análisis de entrevistas realizadas a los miembros de la primera generación de inmigrantes, recogiendo de esta forma la visión que los padres tienen sobre la integración de sus hijos en la sociedad española. El punto de partida es claro. Haciéndose eco de investigaciones previas, las autoras señalan que “cuando se analizan la primera y segunda generación como partes de la misma unidad familiar, los resultados encontrados a nivel internacional reflejan que la primera y la segunda generación tienen formas de vida diferentes, oportunidades y riesgos distintos (Brabete y Gruia, 2013 p. 145). Dando voz a los padres y analizando su discurso, es decir, a través del lenguaje y el juego de significados que en él se articulan, las investigadoras logran aproximarse a esas formas de vida en contraste.

Una primera idea interesante es que, tanto padres como hijos, construyen sus discursos identitarios sobre el terreno movedizo de la ambivalencia. Ambas generaciones se encuentran, física y psicológicamente, entre dos tierras, sometidos a un entramado de fuerzas culturales, lingüísticas y sociales -a veces centrípetas- que son difíciles de conciliar. Sobre este suelo, padres e hijos construyen edificios narrativos de estilo diferente.

Los padres, que han dejado atrás su lugar de nacimiento, tratan de “retornar, por lo menos psicológicamente, al espacio conocido, a una casa que recuerda a sus orígenes” (p. 145). Su discurso es el de la “pérdida”, y en cierto sentido la elaboración del duelo por lo que se deja atrás, junto a la preservación de aquellos trozos de su cultura que han podido salvar en sus maletas. El lenguaje materno, el mantenimiento de las costumbres y tradiciones, la gastronomía tradicional, con sus sabores y olores característicos, o incluso la decoración del hogar se convierten en el cordón umbilical que los mantiene unidos a su identidad originaria, jugando una importante función psicológica como amortiguadores de la pérdida. Pero también, estos elementos de la cultura más tangible son los materiales que los padres van a dar a sus hijos para la construcción de su propia identidad.

Sin embargo, el edificio narrativo de la segunda generación, que ha nacido ya en el lugar de acogida o se trasladó a él con una corta edad, va a ser muy diferente. Su estilo es el de la fusión. Los descendientes de inmigrantes, que conforman esta segunda generación, reciben influencias tanto del lugar de procedencia de su familia como del país de acogida. El reto para ellos es hacer frente a la ambivalencia de partida generando el discurso de la “construcción”, en su caso, de una identidad multicultural.

De manera interesante, Brabete y Gruia (2013) identifican tres elementos presentes en el discurso de los padres: algunos mecanismos de integración de los hijos en la nueva cultura, algunos de los factores que les ayudan a mantener el vínculo con la cultura de sus padres, y un factor de incertidumbre que afecta a ambas generaciones.

La creación y consolidación de una red de amigos en el país receptor es una vía de integración informal, espontánea, no programada, y que juega un papel decisivo. Junto a ella, la escolarización en el país de destino y la adquisición de una nueva lengua actúan como factores más formales de aculturación, con un rol igualmente importante.

El mantenimiento de las fiestas, costumbres y la gastronomía del lugar de procedencia parece tener numerosas funciones. Por una parte, ayuda a los padres a mantener el vínculo con sus orígenes; por otra, sirven para crear un marco cultural común a padres e hijos, a través de cual se facilitan la comunicación y el entendimiento inter-generacional; finalmente, son elementos que van a constituir de manera característica la anteriormente aludida identidad multicultural de los hijos. En definitiva, los ritos, la religión, las tradiciones, o la propia comida, lejos de quedarse en meros factores externos o materiales, tienen importantes implicaciones simbólicas, psicológicas y psicosociales para ambas generaciones.

Y si el punto de partida de la inmigración es ambivalente, su destino está también marcado por la incertidumbre. Tal y como señalan las autoras del estudio, los padres tienen una idea en general confusa sobre el futuro que les espera a ellos y a sus hijos. Ante ambas generaciones aparece la disyuntiva del retorno al lugar de origen o la permanencia en el lugar de acogida, o incluso el desplazamiento a un tercer país, decisión en la que a las consideraciones personales y familiares -como el miedo a la separación- se unen otras de índole económico, laboral y social.

El estudio de Brabete y Gruia destaca, además de por lo relevante de sus conclusiones, por la metología empleada. La aproximación cualitativa, a veces considerada como el “pariente pobre” en relación con otras técnicas, demuestra una vez más que puede ser la mejor vía para acceder a significados y narrativas que de otra forma nos hubieran pasado inadvertidos. Es la propia voz de los entrevistados la que en muchas ocasiones indica al investigador cuáles son los aspectos nucleares de un fenómeno. Basta con escuchar atentamente.

Un siguiente paso, al hilo de este primer estudio, podría ser un análisis a la inversa; esto es, analizar cómo la segunda generación construye una narrativa sobre la forma de vida de sus padres. Sin duda, un estudio así tendría que afrontar numerosas dificultades, ya que el lenguaje de los niños no es igual que el de los adultos, pero nos ofrecería un contrapunto de enorme interés.

Tras leer un estudio como éste, uno entiende que la escena con la que comenzaba este post no es sólo un juego entre un padre inmigrante y su hija. Detrás de la apariencia, en la trastienda de la representación, existe un complejo laboratorio de integración cultural, construcción de identidades y satisfacción de necesidades psicológicas. Un laboratorio en el que tres elementos que nos podrían pasar desapercibidos -las palabras, la comida, la canción tradicional- son tan necesarios como el matraz o la pipeta en un laboratorio de química.

Para más información sobre este estudio, a través del enlace siguiente puedes contactar con Arina Gruia, profesora de la Universidad a Distancia de Madrid (UDIMA), a quien también puedes seguir en Twitter en @arinagruia

Referencia:
ResearchBlogging.orgBrabete, A, & Gruia, A (2013). La segunda generación de europeos del Este en España, bajo la mirada móvil de los progenitores Revista de Estudios Europeos (62), 143-162