¿”Almas gemelas”, “polos opuestos”…o nada de eso? Personalidad y satisfacción en las relaciones de pareja

PersonalityRelationshipsSatisfaction¿Qué hace que una relación de pareja sea satisfactoria? Si saliéramos a la calle e hiciéramos una mini-encuesta o si nos parásemos a escuchar las conversaciones que a diario se mantienen sobre el tema en cafeterías, en el mercado, en los medios de transporte, o incluso si nos dejasen espiar conversaciones telefónicas privadas, seguro que encontraríamos opiniones para todos los gustos. Pero seguramente también, en función de las ideas que recogiésemos, se podría agrupar a sus defensores en los bandos, a veces apasionadamente contrapuestos: los que afirman que “los polos opuestos se atraen” y aquellos que, como alternativa, enfatizan que la clave está en encontrar a tu “alma gemela”, es decir, a alguien que sea un calco de la propia personalidad. En este caso, el saber “experto” y el “popular” van de la mano y también entre los psicólogos sociales –desde hace ya décadas- puede encontrarse a los partidarios de la hipótesis de la complementariedad y la hipótesis de la similitud en las relaciones románticas. Existe por tanto un extenso debate al respecto, y a día de hoy, los resultados que tratan de determinar si es la semejanza o la complementariedad  lo que hace que una relación sea satisfactoria no son concluyentes.

En este contexto, un estudio aparecido en el Journal of Research in Personality trata de arrojar alguna luz al tema de la asociación entre rasgos de personalidad, parecido entre los miembros de la díada y grado de satisfacción vital de cada uno de ellos. Tratando de paliar, además, algunas de las limitaciones de estudios previos, Furler, Gómez y Grob (2013) -autores de esta novedosa investigación- incorporan algunas mejoras metodológicas en la forma de medir el grado de semejanza entre los integrantes de la pareja y en el control de la posible influencia de la personalidad de cada miembro por separado, así como en lo que concierne a las características de la muestra y el tipo de análisis empleado, basado en el uso de modelos de ecuaciones estructurales.

Los participantes en el estudio, llevado a cabo en el contexto de un estudio de encuesta representativo de la población suiza, fueron los miembros 1608 parejas heterosexuales, con una media de edad en torno a los 50 años y una desviación típica en torno a 13 años, y que en promedio eran parejas que tenían ya una duración de 24.21 años (SD= 14.11). La gran mayoría de ellos -85%- estaban casados. El grado de satisfacción vital fue medido con un solo ítem, mientras que para evaluar la personalidad de los encuestados se empleó una versión corta (10 items) del Big Five Inventory. Mediante el uso de ecuaciones estructurales, Furler et al (2013) trataron de establecer el grado de ajuste entre distintos modelos y los datos recogidos. En estos modelos se tomaron como variables dependientes los niveles de satisfacción vital reportados  por cada miembro de la pareja, mientras que las variables predictoras fueron los rasgos de personalidad de cada uno de ellos y el grado de similitud entre la personalidad de ambos, empleando varias formas de medir tal semejanza. Un ejemplo de uno de estos modelos puede verse en la figura adjunta.

Furler et al (2013)

En general, los datos no parecen apoyar la hipótesis de que el grado de parecido entre los rasgos de personalidad de los miembros de una pareja afecte a su satisfacción vital, ni en el caso de hombres ni en el de mujeres. Es decir, que ser “almas gemelas” –en términos de personalidad- o “polos opuestos” no parece estar asociado con un mayor o menor grado de bienestar. Ahora bien, Furler et al. (2013) sí encontraron algunas relaciones interesantes entre personalidad y satisfacción vital. Un primer resultado positivo tiene que ver con la personalidad propia: de manera consistente con los resultados de investigaciones previas, ser extrovertido, agradable, consciente, emocionalmente estable y abierto a la experiencia serían rasgos asociados a una mayor satisfacción vital. Otro interesante hallazgo, de naturaleza más interpersonal, es que los rasgos de personalidad de un miembro de la pareja son predictores significativos del  nivel de satisfacción del otro. En este sentido, la estabilidad emocional, agradabilidad, extraversión y conciencia de cada integrante de la pareja serían rasgos positivamente ligados a la satisfacción vital del otro.Llama la atención, en cambio, que el grado de “apertura a la experiencia” de una persona parece ser el único no asociado de manera significativa con el nivel de bienestar reportado por su pareja.

La conclusión parece clara entonces… encontrar un “alma gemela” –o su alternativa, un “polo opuesto”- no parece que vaya a procurarnos una mayor satisfacción per se. Son, en cambio, algunos rasgos de personalidad concretos –tanto propios como de la otra persona- los que van ligados a una mayor o menor satisfacción vital.  ¿Qué pasa entonces con las hipótesis de la similitud y la complementariedad? La postura de Furler et al. (2013) al respecto es salomónica. En primer lugar, existiría una amplia variabilidad interpersonal, que hace que haya personas que prefieran a alguien semejante, mientras que otras se sienten más a gusto con personas diferentes a ellas, que las complementan en algún sentido. Pero ello no sólo depende de factores intra-personales, ya que otros aspectos como la estructura y la dinámica de la pareja pueden hacer más o menos satisfactoria la semejanza o la complementariedad. La semejanza puede tener ventajas, como una mejor coordinación entre los miembros de la pareja,  mayores posibilidades de encontrar comprensión y empatía, o un mayor grado de refuerzo mutuo de comportamientos, opiniones, valores y creencias; pero en otras ocasiones tener en el equipo “dos pies derechos” o “dos pies izquierdos” puede ser una clara desventaja. Por su parte, la complementariedad puede ser muy adaptativa cuando las fortalezas de cada miembro de la pareja compensan los puntos débiles del otro y viceversa; pero puede también dar lugar a más ocasiones de desacuerdo y conflicto. Finalmente, también parece influir el curso temporal de la relación. Así por ejemplo, en las primeras etapas de una relación, la semejanza podría estar más conectada con la satisfacción; mientras que en fases posteriores la complementariedad puede ser más beneficiosa. Y a todo ello hay que sumar que los miembros de una pareja pueden ser semejantes en unas cosas y complementarios en otras… por ejemplo, pueden parecerse o diferir en su personalidad –que es el ámbito del estudio de Furler et al. (2013)-, pero también en sus características sociodemográficas, en sus intereses, actitudes y motivaciones, o en sus objetivos en la vida… Es decir, que plantear la dicotomía “almas gemelas” vs. “polos opuestos” puede que no sea una forma del todo adecuada de acercarse al tema, al menos si no se llega a captar un nivel mayor de complejidad. Es así como parecen indicarlo las investigaciones más recientes, enfocadas en identificar qué rasgos de personalidad en concreto pueden ir asociados a una mayor satisfacción de cada uno de los miembros de la pareja.

Puedes acceder al artículo de Furler et al. (2013) aquí (sólo abstract en abierto).

Referencia:

ResearchBlogging.orgFurler, K., Gomez, V., & Grob, A. (2013). Personality similarity and life satisfaction in couples Journal of Research in Personality, 47 (4), 369-375 DOI: 10.1016/j.jrp.2013.03.002