Neurocháchara

NeurochacharaUn reclamo publicitario frecuente es el sexo, otro –extrañamente- es la Ciencia. Si bien el primer recurso parece bastante natural dada nuestra preparación biológica para prestar atención a estímulos de naturaleza sexual, en el caso de la Ciencia el mecanismo persuasivo parece más sutil y tal vez por ello también menos sujeto a la crítica racional. Quizá la Ciencia se ha convertido en la nueva Autoridad, que determina qué productos son los más adecuados para consumir y cómo debe uno comportarse en el templo del consumo –el supermercado. Pero paradójicamente, se trata de una actitud poco acorde con el verdadero espíritu de la ciencia.

Por otra parte, cierto temor a reconocer que uno no sabe qué es el Lactobacillus Casei y la necesidad de creer en soluciones mágicas contribuyen a que –desde lo más profundo de su mente- el consumidor se entregue a la compra compulsiva de cualquier tipo de crecepelos científicamente avalado, ya sea para la flora intestinal o el cuero cabelludo. Es lo que el percusionista y premio Nobel de Física Richard Feynman ha denominado como Cargo Cult Science: el uso de la parafernalia científica como ritual de un extraño culto, en el fondo vacío de rigor y utilidad práctica. También las palabras mágicas de las neurociencias han entrado a formar parte de esta adoración pseudocientífica, y así por ejemplo basta con anteponer el prefijo “neuro-” a cualquier palabra para dejar patente que el referente en cuestión es algo “científicamente sobrenatural”.

Molly Crockett, investigadora del Wellcome Trust Centre for Neuroimaging (University College London), nos alerta de ello en una charla TEDtalks. En su argumentación, entre otros temas, se refiere a una investigación donde se encontró que incluir la imagen de un cerebro en un artículo hacía más creíble la información presentada, o a la idea extendida de que las técnicas de neuroimagen nos permiten “leer” la mente de la persona al escanear su cerebro. Especialmente, Crockett incide sobre tres puntos:

  • En ocasiones, los estudios que avalan los beneficios de un producto basado en un “neuro-avance” carecen del rigor metodológico suficiente.
  • Otras veces, no se nos cuenta la historia completa y los resultados se reportan parcialmente o sin el contexto adecuado para su correcta interpretación.
  • Finalmente, no es raro que los resultados realmente obtenidos y las conclusiones a las que se puede llegar a partir de ellos sufran distorsiones a medida que un estudio se va divulgando.

En suma, el consejo de Molly Crockett es llevar el espíritu crítico y la reflexión allí donde algo aparece con las vestiduras sagradas de la Ciencia. No deja de ser curioso que en la antigüedad cuando se fabricaba un nuevo ídolo se erigiese un tótem de tamaño descomunal, mientras que los nuestros –por lo general- pertenecen al mundo de lo microscópico. Aunque tal vez sea porque los últimos pasan mejor desapercibidos…

Puedes acceder a la página web de Molly Crockett aquí y seguirla en Twitter en @mollycrockett