Efectividad a largo plazo de la terapia cognitivo-conductual

CBT_anxiety¿Es realmente efectiva la terapia cognitivo conductual? ¿Y lo es a largo plazo? Estas son las dos cuestiones que se plantean DiMauro et al. (2013) en un artículo aparecido en Behaviour Research and Therapy. Hasta la fecha, parece bien establecido que esta forma de terapia funciona, al menos cuando se ha sometido a evaluación en estudios realizados sobre muestras altamente específicas, con diseños que emplean alguna forma de control experimental. Pero este tipo de estudios, a pesar de su alta validez interna, conlleva el problema de la validez de sus resultados en la vida real, más allá de la artificiosidad –o al menos el encorsetamiento- que es inherente a la investigación experimental. También en estudios más cercanos a la práctica clínica habitual se ha puesto de manifiesto que la terapia cognitivo-conductual es efectiva a corto plazo, pero pocas investigaciones han analizado si lo es también en el largo plazo. El artículo de DiMauro et al. (2013) vendría a cubrir esta laguna. Tras haber recibido esta forma de psicoterapia en un contexto clínico convencional, ¿en qué medida los pacientes mantienen las ganancias obtenidas? ¿Hasta qué punto experimentan recaídas?

Los investigadores analizaron los datos de 181 adultos (59.1% mujeres), con una media de edad de 42 años, que habían asistido a un promedio de 14 sesiones de terapia cognitivo-conductual para el tratamiento de problemas principalmente relacionados con la ansiedad (trastorno obsesivo-compulsivo, ansiedad generalizada, fobias, trastorno de pánico, etc.). Las sesiones tuvieron lugar en un centro clínico ambulatorio estadounidense, en el que los servicios recibidos son abonados por el paciente. Antes, después, y una vez transcurrido un año desde la finalización del tratamiento se tomaron –entre otras- medidas relativas a la severidad del trastorno y el grado de disfuncionalidad que conllevaba para la vida del paciente. En los momentos post-intervención y seguimiento se empleó además una escala destinada a medir el grado de cambio –ya sea mejoría o empeoramiento- experimentado por el paciente.

Los resultados apuntan a la eficacia del tratamiento conductual, tanto inmediatamente tras su finalización como una vez había que transcurrido un año. Concretamente, el 62% de las personas que habían estado en terapia cognitivo-conductual habían respondido al tratamiento y su sintomatología había mejorado considerablemente. Además, un 77% de ellos seguía manteniendo la mejoría al cabo del año. Tras la psicoterapia, casi la mitad de los pacientes –el 43%- describía su estado como normal o apenas problemático, manifestando un funcionamiento adecuado en el trabajo, la vida social y el ámbito familiar. Este estado de remisión del problema o trastorno se mantuvo para un 85% de ellos transcurrido un año. Los análisis realizados sobre los datos pusieron de manifiesto una mejoría estadísticamente significativa en la gravedad de la sintomatología de los pacientes, disminuyendo progresivamente en el momento post-intervención en relación con el pre-test y volviendo a disminuir en el momento del seguimiento. Pero además, los cambios producidos por la intervención eran de una magnitud considerable, atendiendo a los tamaños del efecto que fueron obtenidos.

DiMauro et al. (2013) se preguntaron también por cuáles eran los elementos que podían predecir mejor el mantenimiento al cabo de un año de las ganancias obtenidas con el tratamiento. Encontraron que aquellas personas que presentaban inicialmente una menor gravedad en los síntomas tienden a mantener mejor los beneficios derivados de la terapia. De la misma forma, la menor severidad en el momento de la post-intervención era predictora del mantenimiento en el seguimiento, y un mayor grado de cambio o mejoría tras la intervención se relacionaba con la persistencia de los efectos positivos de la terapia transcurrido un año. El hecho de que algunos pacientes pudieran tener un diagnóstico secundario de otro problema de ansiedad o depresión no parecía afectar a los resultados.

A la vista de estos datos, los autores extraen una importante conclusión: dado que los beneficios terapéuticos parecen mantenerse mejor cuanto menos graves son los síntomas tras la intervención, sería recomendable tratar de reducir al máximo la sintomatología en el curso de la psicoterapia, llegando hasta la práctica remisión de los mismos. A esta sugerencia cabe añadir otra, y es que si tenemos en cuenta que una menor severidad pre-tratamiento también se asocia al mayor mantenimiento de las mejorías, sería muy aconsejable actuar para favorecer la detección temprana –o mejor aún la prevención- de posibles problemas o trastornos psicológicos, y no esperar a que la sintomatología se agrave, ya que ello puede comprometer la efectividad de la terapia y sus beneficios a largo plazo.

Si quieres conocer más sobre la terapia cognitivo-conductual, aquí puedes ver un video introductorio sobre este tipo de psicoterapia con Paul Salkovskis, psicólogo clínico y director del Centre for Anxiety Disorders and Trauma (CADAT):

Puedes acceder al artículo de DiMauro et al. (2013) aquí.

ResearchBlogging.orgJennifer DiMauro, Janine Domingues, Geraldine Fernandez, & David F. Tolin (2013). Long-term effectiveness of CBT for anxiety disorders in an adult outpatient clinic sample: A follow-up study Behaviour Research and Therapy, 51 (2), 82-86