¿Hay adicción a Internet y al móvil?

SmartphoneAddiction

Hace unos días aparecían en diversos medios de comunicación noticias que alertaban del riesgo de adicción a Internet en los adolescentes. La conclusión de todas ellas era prácticamente unánime: no sólo se trata de un peligro que acecha a los jóvenes, sino que además los adolescentes españoles se encontrarían a la cabeza de Europa en adicción a Internet. Sin embargo, a pesar de lo rotundo de algunos titulares, cuando se habla de “adicción a Internet” las cosas no están tan claras…

Dos estudios recientes abordan la cuestión de la adicción a las nuevas tecnologías de la información y comunicación, y en concreto a Internet y a la telefonía móvil. Lo cierto es que, cada vez más, ambos canales se encuentran más indisolublemente conectados, siendo generalizado el acceso a Internet a través de los smartphones, y también a la inversa, el empleo de Internet para la realización de llamadas de voz y videoconferencias. Son tecnologías que por otra parte están configurando una nueva forma de entender nuestra vida personal y social, más allá de la obvia revolución que han supuesto en la esfera laboral y en el acceso a través de ellas a los más variados servicios. Pero, ¿se nos está yendo de las manos el uso de estas herramientas? No parece que sea así, si atendemos a las conclusiones de los estudios de Carbonell et al. (2012) en Papeles del Psicólogo y de Pedrero et al. (2012) en Adicciones, aunque sí se pueden identificar algunos elementos de riesgo respecto a su uso problemático.

El primero de los estudios revisa las aportaciones de 14 investigaciones realizadas entre 2002 y 2011 entre la población estudiantil de cultura española (Carbonell et al.,2012). Las cifras de prevalencia reportadas para el uso problemático de Internet oscilaban entre el 3.7% y el 9.9%, siendo los más jóvenes quienes serían más vulnerables al uso inadecuado de esta tecnología. En el caso del uso abusivo de la telefonía móvil la prevalencia iba desde el 2.8% hasta el 13% en los adolescentes y el 21.6% en las adolescentes. Un dato también destacable es que los jóvenes sobrevalorarían la incidencia de este problema, considerándose un 16.2% adicto a Internet y hasta un 27.7% adicto al móvil, que en realidad son porcentajes superiores a los encontrados empleando cuestionarios validados. En cuanto a los problemas que se asocian con el uso abusivo de Internet, los autores citan, entre otros, insomnio y trastornos del sueño, disfunción social, depresión y ansiedad, “pensamientos negativos”, síntomas somáticos, disfunción sexual, o malestar psicológico. El uso problemático del teléfono móvil se ha encontrado relacionado por su parte con consumo excesivo de alcohol, fumar tabaco, depresión, ansiedad, insomnio y fracaso escolar.

El estudio de Pedrero et al. (2012) revisó 86 artículos internacionales del período 2000-2011 que abordaban el tema de la adicción o abuso del teléfono móvil en adolescentes y adultos. En este caso, las cifras de prevalencia iban del 0% al 38%, siendo las mujeres que presentaban baja autoestima las más vulnerables al uso excesivo del móvil. Y de nuevo, se observó que las autopercepciones de uno mismo como adicto al móvil superaban las cifras obtenidas en los estudios realizados. También en consonancia con los datos provenientes de estudios españoles, la depresión y la baja autoestima se relacionaban con el uso abusivo del teléfono móvil.

Dado este contexto, ¿se podría hablar de “adicción” a Internet y al móvil? Carbonell et al. (2012) se muestran cautos al respecto:

Los quince años de investigación transcurridos desde el año 1995 han dejado claro que es necesario un término más específico. Nuestro criterio es que utilizar el término “adicción a Internet” es equiparar los problemas con el uso de las tecnologías de la información y la comunicación con la adicción a cualquier tipo de sustancia tóxica. Internet es un término muy amplio que incluye usos seguros de la tecnología (laborales, académicos) con otros potencialmente peligrosos (comunicaciones alteradas de identidad en mundos virtuales como chats y juegos de rol en línea). En este sentido, parece claro que una vez que se eliminan las adicciones secundarias (o adicciones en Internet, por ejemplo, usar Internet para apostar), las verdaderas adicciones a Internet se limitan, en nuestra opinión, a aquellas que implican comunicaciones alteradas de identidad [aplicaciones de comunicación en tiempo real donde el usuario no necesita identificarse]. Los restantes usos de Internet parecen ser seguros (en cuanto a la adicción) y por ello creemos que el término “adicción a Internet” no debe utilizarse en el caso de España” (Carbonell et al., 2012 p. 88).

Pedrero et al. (2012) se manifiestan en un sentido similar con respecto a la “adicción” a la telefonía móvil:

la literatura disponible no es suficiente para afirmar la existencia de un cuadro que pueda clasificarse como adicción al móvil, si bien la evidencia acumulada aconseja seguir investigando, ante la certeza de que un determinado porcentaje de personas experimentan consecuencias negativas asociadas a un excesivo uso de este medio de comunicación. Los estudios actuales son insuficientes” (Pedrero et al., 2012, p. 149).

Y ciertamente, es un ámbito donde queda mucho por conocer. Por ejemplo, no está claro qué se entiende exactamente por “adicción” a Internet o al teléfono móvil, más aún si consideramos que muchos de quienes abusan de estas tecnologías en realidad lo hacen para satisfacer otras adicciones o dependencias –como la del juego patológico aludida por Carbonell et al. (2012), o las de carácter sexual-. Tampoco los estudios que analizan este tema lo hacen desde el mismo marco teórico o empleando los mismos instrumentos y escalas de medida, lo que complica las cosas. Además, las investigaciones realizadas tienen un carácter correlacional, y ello tan sólo nos permite hablar de que el uso abusivo de estas tecnologías y determinados problemas psicológicos se hallan asociados, pero no nos dice cómo. Puede ser que pasar una cantidad excesiva de tiempo haciendo un uso inapropiado de Internet llegue a afectar al bienestar personal y social de alguien, pero también es posible que sean aquellos con problemas personales y/o en sus relaciones sociales quienes acaben haciendo un uso más abusivo de la tecnología. O incluso que otras variables estén implicadas en la relación entre uso inadecuado y consecuencias negativas.

PhoneAddictionEn definitiva, tanto Internet como el teléfono móvil son sólo herramientas que nos permiten hacer cosas e interactuar. Es el uso que les damos, el contexto en el las utilizamos y su encaje en el resto de nuestra vida lo que determinará que sean herramientas que promuevan nuestro bienestar o que –por el contrario- contribuyan a minarlo.

Referencias:

ResearchBlogging.org

Xavier Carbonell, Héctor Fúster, Ander Chamarro, & Ursula Oberst (2012). ADICCIÓN A INTERNET Y MÓVIL: UNA REVISIÓN DE ESTUDIOS EMPÍRICOS ESPAÑOLES Papeles del Psicólogo, 33 (2), 82-89. Texto completo.

EDUARDO J. PEDRERO PÉREZ, MARÍA TERESA RODRÍGUEZ MONJE, & JOSÉ MARÍA RUIZ SÁNCHEZ DE LEÓN (2012). Adicción o abuso del teléfono móvil. Revisión de la literatura Adicciones, 24 (2), 139-152. Texto completo.