Phineas Gage juega al teléfono averiado

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Muchos de los más famosos estudios que se han llevado a cabo en psicología ya forman parte de la cultura popular. Algunos de ellos –como el experimento de la prisión de Stanford- incluso han inspirado películas; y son numerosos los guiños a otros muchos en series de televisión o en la literatura. La divulgación del conocimiento psicológico y su asimilación por la sociedad en todas sus posibles dimensiones, desde las más utilitarias hasta las más artísticas, es imprescindible para una ciencia que tiene por objeto explicar el comportamiento humano. En definitiva, la psicología trata de dotar a  la sociedad con conceptos, categorías, teorías y datos que ayuden a entender por qué actuamos como lo hacemos. Hasta ahí todo bien. El problema surge cuando estos estudios se convierten en “mitos de la ciencia” o incluso en “leyendas urbanas”, lo cual posiblemente sea inevitable en alguna medida. No obstante, lo realmente chocante es que son los propios académicos e investigadores quienes en ocasiones contribuyen a generar y propagar tales historias, que invariablemente tienen un carácter sorprendente, llamativo, impactante… y aparentemente revelador de la naturaleza humana más profunda y -en no pocas ocasiones- más oscura. Luego, son estos mismos ingredientes los que hacen que tales estudios sean un jugoso plato preparado por los medios de comunicación y listo para ser degustado en redes sociales y cenas con amigos… Y como ocurre en estos casos, es inevitable que comience el juego del “teléfono averiado”, donde la información inicial se va distorsionando progresivamente conforme nos separamos de la fuente original.

En un artículo aparecido hace unos meses en el GradPSYCH Magazine de la American Psychological Association, Beryl Lieff Benderly se hace eco de dos estos casos. Uno de ellos es el del conocido Phineas Gage. Por supuesto, es indudable y completamente cierto que Phineas existió,  que trabajaba como obrero en el ferrocarril, y que tuvo el famoso y estremecedor accidente en el que, tras una explosión, una barra de metal entró por su pómulo izquierdo y atravesó su cráneo. phineas-gageLa historia que luego se derivó de ahí es de todos conocida: el desafortunado accidente produjo algún tipo de daño en la zona frontal del cerebro de Gage y consecuentemente su personalidad cambió radicalmente…el nuevo Phineas -agresivo, blasfemo, incontrolado, voluble, impaciente y obstinado- ya no era el Phineas equilibrado e industrioso de siempre. Moraleja: la psicología se puede reducir a la (neuro-)biología, el comportamiento humano está determinado por el comportamiento del cerebro. Concretamente, pensaban los defensores de la frenología, la barra de metal podría haber dañado los órganos de la Veneración y de la Benevolencia del cerebro de Gage, lo que explicaría su conducta tras el accidente (ver Sizer 1888, p. 193).

Pero según reporta Benderly, estudios recientes como los de Macmillan (2000) o Kotowicz (2007) dibujan una imagen bien diferente. Lejos de convertirse en la especie de monstruo que dibuja la leyenda, Phineas seguía siendo una persona amable con los niños, aficionada a los animales, y capaz de trabajar –incluso en el extranjero- en actividades que implican cierta disciplina, capacidad de adaptación y habilidades interpersonales. Sin embargo, su vida no fue fácil tras el accidente. Su anterior empleador no quiso volver a contratarle tras la recuperación, uno de sus trabajos consistió en exhibirse como atracción en un museo –posando junto a la barra metálica que lo llevó a la fama- y posteriormente su salud comenzó a deteriorarse, sufriendo ataques de convulsiones. 325px-Phineas_Gage_Cased_Daguerreotype_WilgusPhoto2008-12-19_Unretouched_ColorMoralejas. Según Kotowicz (2007) no se puede decir que tras el accidente Gage se convirtiera en un psicópata, y los cambios que se produjeron en su vida se pueden explicar mejor como una forma de afrontar su desfiguramiento tras el accidente. Es decir, que son las circunstancias las que pueden favorecer o no determinadas conductas. Pero, aún más, Macmillan (Macmillan, 2008; Macmillan y Lena, 2010) sugiere que el caso de Phineas Gage y su capacidad para desarrollar tras el accidente actividades que implican el uso de funciones cognitivas podría tener importantes implicaciones teóricas –por ejemplo, señalando la elevada plasticidad del cerebro- y clínicas –la eficacia de la rehabilitación-. Es decir, que una resolución menos sensacionalista del caso de Gage posiblemente nos hubiera enfocado hacia vías de conocimiento tal vez más productivas –ya sea en un plano biológico, psicológico o social, o en los tres- aunque quizá fuera una historia menos colorista.

Son muchas las reflexiones que pueden hacerse a partir de casos como el de Phineas Gage, el de Kitty Genovese –el otro ejemplo de distorsión analizado por Benderly (2012)-, o a partir de muchas otras historias en las que una cierta base objetiva da pie a la construcción del mito. Primero, estas distorsiones nos alertan de nuestra propensión a la producción de historias vendibles para el gran público…en ocasiones sacrificando el rigor científico. En gran medida, nos recuerdan también la necesidad de ir a las fuentes originales y no confiar exclusivamente en datos que pueden llegar distorsionados en la cadena de una conversación de teléfono averiado (por cierto, una conversación que –en el caso Gage- se inicia en el siglo XIX). Segundo, es interesante conocer cómo se gestan estas historias. En muchos casos, podemos ver cómo se establece una lucha entre interpretaciones alternativas a partir de unos hechos, que reflejan luchas entre escuelas o personalidades de la investigación por alcanzar la hegemonía frente a sus rivales. En este sentido, cabría introducir en relación con estos episodios algunas consideraciones sobre la pretendida neutralidad del conocimiento científico, lo que nos llevaría posiblemente a una postura de sano escepticismo… Y tercero, el hecho de que estas historias hayan tenido éxito dice mucho de nosotros. Nos hacen pensar en nuestra necesidad de generar saberes narrativos, incluso a partir de los discursos científicos, que reduzcan la incertidumbre sobre nuestro comportamiento. “¿Quiénes somos?” “¿Quiénes podemos llegar a ser o en qué podemos llegar a convertirnos?” o “¿Por qué hacemos las cosas que hacemos?” son cuestiones que nos siguen fascinando y sobre las que buscamos datos; pero sobre las que también fantaseamos y elaboramos historias con distintos propósitos. El mito sigue presente en nuestra cultura, aunque se trate del mito científico.

Puedes ver la historia de Phineas Gage (en su versión “mítica”), contada a los niños, aquí:

Puedes leer el texto completo del artículo de Benderly (2012) aquí.

Otro recurso interesante: The Phineas Gage Information Page, de Malcom Macmillan

Referencias:

ResearchBlogging.org

Benderly, Beryl Lieff (2012). Psychology’s tall tales gradPSYCH Magazine, 10 (3)

Kotowicz, Z. (2007). The strange case of Phineas Gage History of the Human Sciences, 20 (1), 115-131 DOI: 10.1177/0952695106075178

Macmillan, Malcolm (2008). Phineas Gage–Unravelling the myth The Psychologist, 21 (9), 828-831

Macmillan, M., & Lena, M. (2010). Rehabilitating Phineas Gage Neuropsychological Rehabilitation, 20 (5), 641-658 DOI: 10.1080/09602011003760527

Nota: gracias a Roberto Dominguez Bilbao por sugerir este tema para el blog.

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