Intenciones de implementación: cómo cumplir tus propósitos de Año Nuevo

ImplementationIntentionsLlegadas estas fechas todo el mundo hace nuevos y -por lo general- también buenos propósitos para el año que comienza. Aprender un idioma, apuntarse a un gimnasio y hacer deporte, ponerse a dieta o dedicar más tiempo a las cosas verdaderamente importantes, junto a otro listado de intenciones que comienzan por “ser más…” y “ser menos…” son los objetivos estrella que figuran en el top ten de los listados de Año Nuevo. Sin embargo, hay algo problemático en ellos…nunca se cumplen. Y lo que es peor: incluso sabemos que será muy difícil que a finales de enero logremos evitar una sonrisa condescendiente al pensar en ellos y en lo ingenuos que –un año más- hemos sido. No hay que desesperarse. Tampoco hay que pensar que nuestra voluntad es más débil que la de los demás. new year cartoonComo ha señalado Gollwitzer (1999), las correlaciones entre intenciones y conductas son más bien modestas, y las primeras tan sólo llegan a explicar entre un 20%-30% de la variabilidad de las segundas. Pero este año la psicología viene al rescate. ¿Cómo tiene que ser un propósito para que se incremente la probabilidad de que lo llevemos realmente a cabo? ¿Cómo puede hacerse que la gente sea más eficaz cuando tratan de poner en marcha sus buenas intenciones? Hay varios factores que parecen contribuir al éxito en este sentido:

  • En primer lugar, parece que la fuerza de nuestras intenciones y el grado de compromiso con ellas parece que influyen en que sean o no traducidas posteriormente en conducta.
  • Segundo, los objetivos que se formulan de una manera concreta, precisa y desafiante son mejores que aquellos que se plantean en términos genéricos y vagos (como “ser más feliz”, “ser mejor”, etc.)
  • Tercero, formular objetivos en términos más próximos y cercanos ayuda más que plantearse objetivos distantes y lejanos. Ir paso a paso es mejor que ir a lo grande.
  • Cuarto, los propósitos deberían establecerse en términos de “aprender a hacer algo” o de “cómo hacer que…”, más que en términos de “resultados” a los que no siempre sabemos cómo llegar.
  • Quinto, parece que los objetivos que tienen que ver con “conseguir algo” dan mejores resultados que aquellos que se plantean en términos de “evitar o prevenir algo”.

Bien, un primer paso es definir adecuadamente nuestro objetivo. Pero eso no nos va a garantizar que seamos capaces de ponernos manos a la obra y dar los pasos necesarios que implica su consecución. Incluso una vez que hemos comenzado, pueden aparecer diversos obstáculos que nos desvíen de realizar nuestro propósito. Entonces…ya tenemos una “intención”. Pero ahora necesitamos una “intención de implementación” (Gollwitzer, 1999). La diferencia es sutil, pero va a ser definitoria de lo que ocurra posteriormente con nuestro objetivo (además de con nuestra sonrisa condescendiente a finales de enero, y con los remordimientos propios del próximo diciembre). Una intención o propósito tiene la forma “intento llegar a/alcanzar… (objetivo)”, pero una “intención de implementación” adopta una expresión mucho más operativa: “siempre que la situación X aparezca, yo iniciaré la respuesta Y, encaminada a mi objetivo”. Sólo falta sustituir X e Y en la ecuación y “despejar”  ante qué situaciones pondremos en marcha qué conductas. Otra formulación posible es en términos de “Si… (ocurre X, estoy en la situación X, etc.), entonces… (haré Y, mi respuesta será Y, etc.). Las “intenciones de implementación” en definitiva nos hacen precisar cuándo, dónde y cómo vamos a realizar las conductas que nos llevan al objetivo, señalando por tanto un compromiso a responder de una determinada forma ante una situación dada. Según Gollwitzer (1999) las “intenciones de implementación” nos ayudan a conseguir los objetivos planteados por varias razones:

  • Implican una pre-decisión sobre cómo vamos a actuar en una situación determinada, reduciendo la cantidad de esfuerzo cognitivo en comparación con la que tendríamos que realizar si hubiéramos optado por simplemente determinar el objetivo y en cada situación “ver cómo se puede llevar a cabo”.
  • Conllevan una automatización del comportamiento a realizar cuando nos encontramos en una situación relevante para nuestros objetivos.
  • Las “intenciones de implementación” no sólo nos ayudan a ponernos en marcha, sino que también sirven para manejar adecuadamente aquellos obstáculos que nos puede desviar del objetivo, como las distracciones, los malos hábitos, las tentaciones de abandono o los conflictos de objetivos. ¿Cómo? Bien, se trataría de formular “intenciones de implementación” adicionales para esos escenarios; por ejemplo, “siempre que aparezca una distracción, haré…” o “siempre que alguien me ofrezca un cigarrillo, haré…”.

En definitiva, con las intenciones de implementación lo que hacemos es pasar estratégicamente el control de nuestra conducta desde nosotros –lo que implica un control consciente y costoso- a determinadas “pistas” o estímulos de la situación –lo que supone anticipación la respuesta a emitir y automatización-.

La aplicación de la técnica de intenciones de implementación ha demostrado ser eficaz en numerosos contextos, desde la realización de tareas académicas a la rehabilitación de personas con enfermedad mental, adicciones o daño cerebral, pasando por la promoción de hábitos saludables o de la realización de comportamientos cívicos (Gollwitzer y Sheeran, 2006; Schweiger Gallo y Gollwitzer, 2007). En este sentido, el meta-análisis realizado por  Gollwitzer y Sheeran (2006) reveló que las intenciones de implementación tienen un efecto positivo sobre el logro de objetivos, con una magnitud del efecto que podría considerarse media o grande (d=0.65). Más aún, en algunos de sus estudios Gollwitzer encontró que las intenciones de implementación resultaban también eficaces en períodos navideños. Y no es broma, basta leer los estudios 1 y 2 de Gollwitzer y Brandstätter (1997) para convencerse de ello. Bueno, ahora sólo queda determinar cuándo, dónde y cómo vamos a poner en práctica nuestros propósitos de Año Nuevo… Tal vez esta vez sea diferente, pero lo consigamos o no, Feliz Año!

Puedes leer el texto completo de los artículos citados aquí:  Gollwitzer (1999)Gollwitzer y Brandstätter (1997); Gollwitzer y Sheeran (2006); Schweiger Gallo y Gollwitzer (2007).

Referencias:

ResearchBlogging.org

Gollwitzer, P. (1999). Implementation intentions: Strong effects of simple plans. American Psychologist, 54 (7), 493-503 DOI: 10.1037/0003-066X.54.7.493

Gollwitzer, P, & Brandstätter, V (1997). Implementation intentions and effective goal pursuit Journal of Personality and Social Psychology, 73 (1), 186-199

Gollwitzer, P, & Sheeran, P (2006). Implementation intentions and goal achievement: a meta-analysis of effects and processes. Advances in experimental social psychology, 38, 69-119

Schweiger Gallo I, & Gollwitzer PM (2007). Implementation intentions: a look back at fifteen years of progress. Psicothema, 19 (1), 37-42 PMID: 17295981