Aprendizaje social y cognición en esquizofrenia

Uno de los objetivos de la intervención en esquizofrenia es la mejora del funcionamiento cognitivo de las personas que padecen esta enfermedad. Aspectos como la capacidad atencional, la memoria, el procesamiento de la información, la solución de problemas, la adquisición de nuevos aprendizajes o el uso de las funciones ejecutivas pueden afectar, en la medida en que se produzca un mayor o menor déficit, a la posibilidad de llevar a cabo una vida normalizada en áreas como los autocuidados, la asistencia a servicios de atención psicosocial o la autonomía de las personas con esquizofrenia en actividades cotidianas.

En este sentido, los fármacos antipsicóticos parecen tener un efecto limitado sobre los déficits cognitivos que se asocian a este trastorno, mientras que el entrenamiento de dichas funciones cognitivas parece ofrecer una vía de intervención complementaria con efectos positivos. Así lo señalan Cook y Black, del departamento de Psiquiatría de la Universidad de Cambridge, en un artículo aparecido en septiembre de este año en Frontiers in Neuroscience. En apoyo de su afirmación, las autoras aluden a los resultados de un meta-análisis realizado por Wykes et al. (2011) en el que se puso de manifiesto que el entrenamiento cognitivo mejoraba el funcionamiento cognitivo, psicosocial y la severidad de los síntomas psiquiátricos en personas con esquizofrenia, aunque los tamaños del efecto encontrados eran pequeños o moderados.

¿Cómo se podría entonces tratar de incrementar la eficacia de estos programas? La principal aportación del artículo de Cook y Black consiste en identificar el papel del aprendizaje social como posible potenciador del entrenamiento de las funciones cognitivas en personas con esquizofrenia. Tal y como señalan, la interacción social es un aspecto central en muchas formas de aprendizaje y la administración del entrenamiento cognitivo en un contexto de aprendizaje en el que tales aspectos sociales o interpersonales sean tenidos en consideración podría favorecer su eficacia. Algunos estudios, como los de Hogarty (2002), Vita et al. (2011) o Tas et al. (2012) –citados por Cook y Black (2012)- apuntarían en esta dirección. Pero, ¿por qué la interacción social parece tener un efecto potenciador de intervenciones que se orientan fundamentalmente a aspectos relacionados con la cognición y el procesamiento de la información? Las investigadoras proponen tres interesantes hipótesis al respecto:

  • Los contextos sociales de aprendizaje favorecen la focalización de la atención de los participantes, ya que los seres humanos somos estímulos particularmente llamativos y capaces de captar la atención para otros seres humanos.
  • La interacción social implica un incremento del arousal, lo que ayudaría a la consolidación de la información aprendida. Según han encontrado diversos estudios, la enseñanza cara a cara supone la exposición a determinados estímulos que son particularmente incitadores de la activación, como por ejemplo, las expresiones emocionales faciales. En este estado de estimulación –propiciada por el componente social- la capacidad de retener y afianzar de nuevas informaciones se vería fortalecida para los participantes en los entrenamientos cognitivos.
  • El aprendizaje social conlleva la posibilidad de proporcionar un feedback adecuado sobre el proceso de adquisición de habilidades y conocimientos. Con esta retroalimentación la eficacia del aprendizaje podría verse incrementada; pero aún más, el entrenamiento en contextos sociales propicia la adquisición de numerosas recompensas sociales (por ejemplo, en forma de una sonrisa, un cumplido o la captación de la atención de otras personas o del monitor). La presencia de estos refuerzos sociales puede llegar a ser mucho más motivante que otras recompensas sin ese carácter interpersonal, lo que añade una ventaja a las intervenciones que incorporan la interacción cara a cara.

En suma, la introducción de elementos sociales en intervenciones que se dirigen a aspectos del funcionamiento cognitivo de las personas con esquizofrenia podría resultar en una potenciación de la eficacia de estos entrenamientos, a través del fortalecimiento de tres procesos centrales en el aprendizaje: la atención, la consolidación de lo aprendido y la motivación. Como indican Cook y Black, además de la necesidad de una mayor investigación y contrastación de estas hipótesis, el aprendizaje social aplicado a la rehabilitación cognitiva en esquizofrenia abre interesantes vías para futuros estudios, por ejemplo en relación con el impacto de la frecuencia y la calidad de la interacción social en el proceso de aprendizaje.

Finalmente, todo ello viene a reforzar la necesidad de reconocer la importancia del factor humano tanto en los contextos de enseñanza-aprendizaje como en los de intervención psicológica, y más aún en aquellos en los que ambos se combinan tal y como ocurre en los entrenamientos de rehabilitación cognitiva. Sin duda, las sugerencias de Cook y Black nos ayudan a entender mejor porqué el hecho de incorporar componentes sociales a intervenciones cognitivas resultan en una mejora de la eficacia de estas últimas.

Pero seguramente, sus hipótesis no agotan toda la riqueza con la que el componente humano incide en la capacidad de aprendizaje de las personas con esquizofrenia. Por ejemplo, en el aprendizaje social están también presentes aspectos emocionales que pueden afectar positivamente al aprendizaje, como la reducción de los niveles de ansiedad ante la tarea si el contexto se percibe como seguro; y aspectos de naturaleza interpersonal, como la reconstrucción –en el cara a cara- de una narrativa alternativa en la que el “paciente” pasa a ser un “agente” con capacidad para adquirir activamente nuevas habilidades. En el área del aprendizaje social al menos, como también concluyen Cook y Black, las máquinas parecen aún lejos de poder sustituir la compleja labor de los humanos, y posiblemente su eficacia nunca llegue a igualarse a la que deriva de aprender con otros seres humanos.

Puedes leer el texto completo del artículo de Cook y Black aquí.

Referencia del artículo:
ResearchBlogging.org

Cook, J., & Black, J. (2012). The Influence of Social Interaction on Cognitive Training for Schizophrenia Frontiers in Neuroscience, 6 DOI: 10.3389/fnins.2012.00140