Los “efectos secundarios” de hacer campaña

Hace unas semanas el mundo estaba sumido aún en las apuestas sobre qué candidato se haría con el control de la Casa Blanca. En medio del debate político, un video –al filo entre lo trágico y lo cómico- se convertía en el icono del estado emocional de muchos ciudadanos con y sin derecho a voto. En él, una niña pequeña lloraba desconsolada porque no aguantaba más la omnipresencia del debate electoral entre Mitt Romney y Barack Obama, al que ella se refería como “Bronco Bamma” en su leguaje infantil, y pedía a su madre entre sollozos que aquella pesadilla terminase. Ciertamente, las campañas electorales pueden tener un efecto de saturación de la población y, casi por un efecto de rebote, pueden llegar a hastiar y aburrir al electorado más que a movilizar su voto. Pero las campañas electorales tienen además algunos otros efectos paradójicos que hacen referencia los mecanismos cognitivos que operan en el elector.

En un original estudio, Schuck y de Vreese (2012) analizan el impacto de la forma en que se presenta una propuesta política, en este caso un referéndum sobre el Tratado de Lisboa de la Unión Europea, sobre las intenciones de voto de una muestra holandesa. Los participantes en el estudio fueron  470 individuos (52.6% mujeres) con una media de edad de 47.04 años (rango 18-88 años) que se asignaron aleatoriamente a una de dos posibles condiciones experimentales. En la primera de ellas, se presentaba a los sujetos (249 participantes) un artículo periodístico que contextualizaba el Tratado de Lisboa en un sentido positivo; mientras que en la segunda condición los participantes (221 sujetos) eran expuestos a un reportaje de características formales similares en el que se presentaba de forma negativa el Tratado.

A diferencia de estudios previos, en los que una información se juzga como “positiva” o “negativa” en términos independientes a la audiencia que la recibe, el insight de los autores de este estudio es que la información positiva es realmente vista como negativa para aquellos que se oponen –en este caso- al Tratado. Y en este sentido, como establecen numerosas investigaciones, la información negativa es un potente motivador del comportamiento electoral. Los electores frecuentemente se movilizan para evitar las consecuencias negativas potenciales que entrañaría el triunfo de sus oponentes políticos, más que para conseguir objetivos o ganancias propios. En esta línea, parece que la información que habla de los “riesgos” resulta más movilizadora que la que habla de las “ganancias”, y la percepción que un candidato u opción política suponen algún tipo de amenaza induce en los votantes de signo contrario un estado de activación y focalización atencional que incrementaría su participación, motivados a “votar en contra” del rival, casi más que a favor del propio candidato.

La pregunta que se plantean los investigadores es: ¿qué ocurre con la intención de voto de las personas opuestas al Tratado de Lisboa si son expuestas a información positiva sobre el mismo? Consecuentemente con lo anterior, en su estudio plantean que la presentación en positivo de una propuesta de referendum sobre el Tratado de Lisboa será vista como algo negativo por los oponentes de la propuesta, induciendo en ellos la percepción de riesgo. Esta percepción de amenaza potencial hará que se movilicen fuertemente con la intención de votar en contra. Pero, además de la percepción de que el rival político supone un riesgo, los investigadores añaden otras dos variables a su modelo que estarían implicadas como moduladoras de la intención de voto.

Una de ellas es el grado de autoeficacia política de los individuos, es decir, el grado en que perciben que con su conducta –p. ej. mediante el voto en un sentido u otro- pueden alterar de manera eficaz la situación política de forma que ésta se adecue a sus intereses y objetivos. Es de suponer que una mayor percepción de autoeficacia política corresponda con una mayor intención de participación.

La otra variable hace referencia al grado de compromiso o convicción con que se mantienen las creencias políticas; en el caso de un referéndum sobre el Tratado de Lisboa, sería el grado de escepticismo hacia la Unión Europea. ¿Cómo puede influir esta variable, que en principio nos podría parecer relativamente abstracta, en la participación concreta en una votación? Según se ha encontrado en investigaciones previas, al recibir informaciones o datos que no “encajan” con nuestros propios esquemas se activaría un proceso de “escepticismo motivado”, consistente en que la información que es incongruente con las propias preferencias es examinada de manera más intensiva y crítica. De esta forma, las convicciones políticas de uno se pueden ver reforzadas por este mecanismo de “defensa cognitiva” frente a las opciones alternativas. Así, los niveles previos de oposición o escepticismo ante una opción política se pueden ver más fortalecidos y polarizados a consecuencia de ser expuestos a informaciones contrarias a las propias durante la campaña electoral. En el caso objeto de analisis, los investigadores plantean que aquellos con mayores niveles de escepticismo ante la Unión Europea serán quienes más se movilicen para oponerse al Tratado como consecuencia de haber recibido información favorable al mismo que es incongruente con sus creencias. El modelo completo sometido a prueba por Schuck y de Vreese (2012) se recoge en la figura adjunta.

Los resultados obtenidos –si bien están sujetos a algunas limitaciones convenientemente discutidas en el artículo- apoyan la hipótesis planteada en la investigación. Es decir, la presentación en positivo de la propuesta de referéndum sobre el Tratado era percibida como algo negativo por sus oponentes e inducía a la movilización del voto en contra, lo que se producía sobre todo entre aquellos con mayor autoeficacia política y mayor escepticismo hacia Europa, ya que su percepción de amenaza se veía más incrementada. Se observaba por tanto un efecto de “movilización a la inversa”, en el que la información positiva sobre una opción política no sólo no provoca una respuesta más favorable entre los que inicialmente se oponen más a ella, sino que de alguna manera les induce a afianzar sus convicciones contrarias y a movilizarse para votar en contra.

En el caso de las elecciones norteamericanas, finalmente Barack Obama revalidó la presidencia del gobierno y lo hizo por un margen mayor del que se esperaba según las encuestas. A posteriori, como ocurre siempre, puede parecer fácil encontrar una explicación de este hecho ahora que ya conocemos el resultado de las votaciones, pero no por ello es menos cierto que algunas de las hipótesis que se han lanzado sobre la victoria de Obama encajaban bien con lo postulado por el modelo de Schuck y de Vreese (2012). El candidato demócrata no estaba en su mejor momento –al menos no en uno tan bueno como hace cuatro años cuando era la gran esperanza de muchos- y para algunos había perdido ya parte de su carisma inicial. Sin embargo, el candidato republicano era percibido como una amenaza y una opción arriesgada por parte de muchos colectivos (minorías étnicas, mujeres, inmigrantes, etc.). Tal y como preconiza el modelo analizado, los electores no se movilizan tanto por lo que pueden ganar (caso del candidato prometedor) como por lo que pueden perder (caso del candidato amenazante). Dicho de otra forma, en lo que se refiere a la movilización de los electores es muy posible que el desgaste de Obama como líder inspirador se haya visto compensado por la percepción de riesgo que entrañaba su rival Romney para los intereses de determinados colectivos, que son los que precisamente han dado la victoria al demócrata. Lo igualado de la contienda hasta los últimos momentos, y la percepción de que Romney realmente tenía opciones de hacerse con la elección (lo que supone una exposición a información positiva para sus oponentes), probablemente hayan incitado el proceso de “movilización a la inversa” del que nos habla el artículo de Schuck y de Vreese (2012).

Puedes acceder al texto completo del artículo aquí.

Referencia del artículo:

ResearchBlogging.orgSchuck, A., & de Vreese, C. (2012). When Good News Is Bad News: Explicating the Moderated Mediation Dynamic Behind the Reversed Mobilization Effect Journal of Communication, 62 (1), 57-77 DOI: 10.1111/j.1460-2466.2011.01624.x