Por qué no debes ver el Facebook de tu ex

La tentación está a un solo click. Las redes sociales, y en especial Facebook, nos ofrecen la posibilidad de saber de primera mano cómo le va la vida a nuestros amigos y conocidos, y qué cambios que se producen en sus relaciones, qué nuevos amigos conocen o qué les interesa. Casi de forma instantánea podemos monitorizar sus actividades recientes, e incluso, obtener el reportaje fotográfico –elaborado por ellos mismos- de los últimos eventos en los que han participado. Facebook es una herramienta ideal para relaciones ideales. Pero… ¿Qué ocurre cuando se trata de relaciones románticas que se han terminado? ¿Cómo puede afectarnos seguir en contacto a través de esta red social con alguien con quien hemos roto? Y si el contacto se ha roto… ¿es saludable “vigilar” –o simplemente “cotillear”- la actividad de una expareja en Internet?

En un estudio publicado recientemente en Cyberpsychology, Behavior, and Social Networking Tara Marshall (2012) analiza estas cuestiones empíricamente. En primer lugar, la autora nos ofrece algunas cifras que pueden ilustrar lo extendido de algunas prácticas de seguimiento en Facebook. Según los datos, un tercio de los usuarios de esta red la emplea para tener de alguna forma bajo control a sus antiguas parejas; entre la mitad y dos tercios han tenido contacto con una expareja a través de Facebook, y más de la mitad admite haber visitado la página de su “ex” para comprobar si había fotos que indicasen que él o ella ya tenían una nueva relación. Es cierto que las actualizaciones del estado, los mensajes y comentarios en el muro, los álbumes o la lista de amigos nos permiten casi reconstruir el día a día de alguien a partir de informaciones fragmentadas…pero también mucho queda a la imaginación del visitante curioso.

Marshall (2012) analizó datos provenientes de una muestra de conveniencia integrada por 464 usuarios (84% de ellos mujeres) de Facebook, con una media de edad de 21.36 años, que habían experimentado al menos una ruptura de una relación romántica con alguien que también tenía una cuenta en esta red social. Los resultados obtenidos tras aplicar un cuestionario ponían de manifiesto que aquellos que permanecían como amigos de sus exparejas en Facebook sentían menos emociones negativas, menos deseo y menos añoranza hacia ellas. Sin embargo, seguir como amigo en Facebook de alguien con quien se había tenido una relación estaba asociado también a una menor posibilidad de crecimiento personal tras la ruptura. Marshall sugiere en este sentido que la recuperación tras una pérdida romántica conlleva dos tareas. Una, el proceso de “despegarse” de la anterior pareja y recuperarse de las emociones negativas que se producen tras la ruptura; y otra, el desarrollo de una nueva narrativa que de sentido a la relación pasada y a la propia ruptura, y que además siente las bases para el crecimiento personal futuro. Si bien mantener la amistad en Facebook podría ayudar a reducir la parte del proceso ligada a las emociones negativas, puede dificultar por otro lado la parte referida a la tarea de dar sentido a una nueva identidad personal y social.

La otra práctica analizada en el estudio, controlar la actividad de una expareja visitando su página de Facebook, se asociaba sin embargo con efectos inequívocamente negativos. Aquellas personas que “cotilleaban” en la página de sus “ex”, sufrían un mayor grado de malestar emocional, sentimientos negativos, deseo sexual hacia la expareja y añoranza de la antigua relación. Además, como era esperable, tratar de monitorizar a la persona con que se había estado se asociaba a mayores dificultades para el crecimiento personal tras la ruptura. Tal y como concluye la autora, Facebook –aunque implique un tipo de contacto aparentemente débil con la otra persona- puede hacer que uno se vea expuesto a nuevas informaciones sobre la vida de una expareja que intensifiquen el dolor de la ruptura y dificulten su superación. Incluso, según señalan los datos, esta forma de “vigilancia virtual” se asocia a resultados emocionales negativos de una manera más fuerte y diferenciada con respecto a los posibles efectos del contacto en la vida real con una expareja.

Como siempre ocurre en los estudios de tipo correlacional, queda la duda acerca de la dirección de la causalidad. Puede ser que vigilar a alguien con quien se mantuvo una relación produzca consecuencias negativas sobre el estado emocional de la persona que “curiosea”, pero también es posible pensar que aquellos con una emocionalidad negativa más alta de entrada sean quienes se involucren más en estas conductas de monitorización. No obstante, en los análisis se controlaron algunas variables relacionadas con rasgos personales, como el nivel de autoestima o la tendencia a la ansiedad y la evitación, lo que hace pensar que posiblemente sean estas conductas contraproducentes de vigilancia en Internet las que expliquen la emocionalidad negativa de quienes las practican. En suma, la exposición al Facebook de alguien con quien se mantuvo una relación no sólo no va hacer que las cosas cambien, sino que puede causar más sufrimiento a quien trata de estar al tanto de las novedades de su ex y parece dificultar su proceso de recuperación y ajuste tras la ruptura. Bien, ahora surge una nueva cuestión…si la conducta es tan dañina, ¿por qué visitar el Facebook de una expareja tiene ese extraño magnetismo?

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Referencia del artículo:

ResearchBlogging.orgMarshall, T. (2012). Facebook Surveillance of Former Romantic Partners: Associations with PostBreakup Recovery and Personal Growth Cyberpsychology, Behavior, and Social Networking, 15 (10), 521-526 DOI: 10.1089/cyber.2012.0125