El gol psicológico

Una gran parte del éxito de los deportes se debe a que éstos son capaces de generar en nosotros una amplia gama de emociones en el intervalo en que dura el juego. Mientras vemos a nuestro equipo de fútbol o de baloncesto o seguimos a nuestros jugadores de tenis o pilotos de fórmula 1 favoritos somos capaces de experimentar euforia, satisfacción, nerviosismo, ira, frustración o tristeza –entre otras muchas emociones- en un corto espacio de tiempo y casi sin solución de continuidad. Los deportes, por decirlo de alguna forma, provocan en los seguidores más comprometidos una auténtica “ensalada emocional”, cuando no una verdadera “montaña rusa” con subidas y bajadas intensas del estado de ánimo. Pero lo cierto es que en el juego no somos capaces de predecir cuándo se producirá el siguiente momento de alegría o la próxima decepción, y la incertidumbre es una parte consustancial al desarrollo de cualquier competición. Eso nos mantiene en alerta constante, tratando de captar aquellas señales que nos indican que la cosa se va a resolver bien -“¡El gol está al caer! ¡Lo presiento!”- o mal -“No te puedes fiar de este rival…siempre te la hacen en el último minuto”-.

El fútbol, por supuesto, es uno de esos deportes en los que los momentos de incertidumbre se suceden prácticamente a cada toque de balón y donde la situación puede cambiar de un instante al siguiente. Un gol repentino, una falta peligrosa, la expulsión de un contrario, la entrada de un nuevo jugador, o incluso el comportamiento del público en la grada, todo ello puede hacer que las tornas se cambien y con ello cambien igualmente nuestras expectativas y emociones.Esto nos ocurre como aficionados, pero los jugadores profesionales –aunque puedan tener mayor sensación de control sobre lo que está pasando- también se ven expuestos de forma similar a la incertidumbre inherente al juego. Y en su caso, es fundamental que sepan manejar adecuadamente las expectativas de éxito o derrota que pasan por su cabeza a lo largo de los noventa minutos de juego.

En un artículo aparecido en 2007 en la Revista de Psicología del Deporte, Marcelo Roffé y sus colaboradores analizaron el efecto que uno de los momentos más críticos que pueden ocurrir en un encuentro de fútbol, el conocido como “gol psicológico”, puede tener sobre el resultado final. Imagina que tu equipo va perdiendo. La primera parte del partido está a punto de finalizar. Faltan apenas dos minutos para ir al descanso…y gooool!!!! Se produce el empate. ¿Cómo te sentirías? ¿Cómo crees que va a ser la segunda mitad del encuentro? Imagina ahora la situación contraria. Tu equipo va por delante en el marcador y el rival empata o se pone por delante en el último minuto de la primera parte, justo antes del descanso. Las expectativas de cara al resto del partido son muy diferentes. También las emociones…

El “gol psicológico”, según lo definen Roffé et al. (2007), es aquel que marca un equipo que va perdiendo o empatando “en  la última fase (dentro de los últimos seis minutos, entre el minuto 39 y el minuto 45) de la primera parte, justo antes de la detención del juego y de que los equipos vayan a los vestuarios”. Los investigadores analizaron un total de 450 partidos correspondientes a la Liga de Fútbol Profesional española y a los Torneos Apertura y Clausura de la Liga de la Asociación de Fútbol Argentina, encontrando que en 279 (62%) de ellos se produjo un gol psicológico. Pero, ¿cómo incide un gol psicológico sobre el resultado final del encuentro? En  244 partidos (87.5 %) de los 279 en los que había habido un gol psicológico, el equipo que lo marcaba no perdía, ganando o empatando el encuentro. Pero aún más, los datos señalaban que si el que marca el gol psicológico es el equipo local las probabilidades de acabar el partido con victoria o empate son todavía mayores en términos estadísticos. Sin embargo, estas conclusiones han de tomarse con cautela ya que en el artículo tan sólo nos informa de qué ocurre finalmente (ganar, empatar o perder) en aquellos casos en los que se ha producido un gol psicológico, pero no se nos dice nada de cuál es el resultado cuando este gol no se da. Es decir, para estar seguros de que hay una relación entre gol psicológico y resultado final necesitaríamos conocer también qué porcentaje de equipos que se van al descanso perdiendo o empatando -esto es, sin marcar el gol psicológico- logran acabar el partido igualmente con victoria o empate. Tan sólo así podríamos saber si la probabilidad de no perder habiendo marcado un gol psicológico es mayor o menor que la probabilidad de no perder sin haberlo marcado. En este sentido, considerar sólo los casos positivos (encuentros con gol psicológico) olvidando los negativos (ausencia de gol psicológico) es una limitación en el diseño del estudio.

Los autores han apuntado a una posible relación entre un evento crítico –el gol psicológico- y el resultado final, pero el mecanismo psicológico que puede llevar de uno a otro queda aún en el terreno de lo especulativo. Parece, según los investigadores, que el gol psicológico podría suponer –paradójicamente si se considera su alta frecuencia- un acontecimiento sorprendente e inesperado que incide en la activación del equipo, su coordinación comunicativa, el afrontamiento del momento crítico y el rendimiento individual de los jugadores. De manera especial, el hecho de que el gol ocurra justo antes del descanso podría tener una consecuencia destacable: el jugador no puede adoptar de manera inmediata una estrategia de afrontamiento basada en la acción, sino que se ve obligado a parar, dándose con ello una mayor facilidad para que aparezcan pensamientos negativos. En este sentido parece oportuno destacar la necesidad de entrenar a los equipos y jugadores no sólo en el componente físico y técnico del juego, sino también en los aspectos más psicológicos, como el manejo de las emociones propias y de los compañeros o el afrontamiento del estrés que suponen los momentos críticos. En ello –destacan Roffé et al. (2007)- los entrenadores tendrían un papel clave como líderes.

El artículo nos aporta datos interesantes sobre el efecto que tiene un evento potencialmente estresante en el resultado final del juego y –como los propios autores comentan en detalle- nos deja además la puerta abierta para sugerir hipótesis sobre las dinámicas psicológicas que pueden explicar este hecho. Tal vez, la próxima vez que veamos un partido de fútbol podamos anticipar ya mucho de lo que va a ocurrir con tan sólo ver el final de la primera parte. Tal vez esto le quite algo de emoción a la cosa. O tal vez puede hacer que ganemos algo de dinero apostando en el descanso…

Puedes leer el artículo completo aquí.

Referencia del artículo:

ResearchBlogging.orgMarcelo Roffé, Ricardo de la Vega Marcos, Alejandro García-Mas, & Juan Llinás (2007). Las crisis durante el juego: el gol psicológico en el fútbol Revista de psicología del deporte, 16 (2), 227-240