Tememos fácilmente al extraño, pero…¿quién es el extraño?

La última Eurocopa dio lugar a la curiosa imagen que encabeza este post. En ella tres aficionados ingleses, que parecen salidos de otra época, se encuentran rodeados por los hinchas suecos, todos ellos uniformados con camiseta amarilla. ¿Qué nos llama la atención de esta imagen? Obviamente, en primera instancia, la vestimenta de los fans anglosajones resulta muy saliente…pero más allá de eso, esta imagen supone una ruptura de una expectativa razonable…lo “lógico” sería pensar que los caballeros ingleses no se hubieran atrevido a internarse hasta el corazón de este grupo de adversarios. Incluso quizá ello explique la elección de tan curiosas prendas para la ocasión, pues sin apelar al valor legendario del Rey Ricardo Corazón de León tal vez no hubieran encontrado el arrojo necesario para tal hazaña. Pero algunas cuestiones persisten más allá de lo superficial: ¿por qué de entrada suponemos que interactuar con otros grupos diferentes al nuestro implica cierta valentía? ¿por qué nuestra primera reacción es temer y adoptar precauciones frente al extraño?

La psicología del aprendizaje ha establecido que nuestra capacidad para adquirir nuevas respuestas puede verse favorecida por la preparación biológica del organismo, de forma que el largo proceso de evolución como especie nos ha preparado en cierta medida para estar más predispuestos a temer aquello que potencialmente puede suponer un peligro, como por ejemplo las serpientes y arañas, que otros estímulos neutros para nosotros. Combinando aprendizaje, psicología social y psicología evolucionista, algunos estudios han aplicado este principio de la preparación para tratar de explicar los resultados que obtenían en sus investigaciones, en las que llegaban a la conclusión de que el miedo hacia individuos de distinto grupo racial al propio se adquiere más fácilmente que el miedo ante personas de la misma raza.

Navarrete y sus colaboradores (2012), sin embargo, se cuestionan que tal explicación -que presupone una especie de “sesgo racial”- sea realmente correcta. En su estudio, aparecido en Evolution and Human Behavior, los investigadores utilizaron una variante del paradigma de grupo mínimo en el que la categoría que definía al grupo propio era una arbitraria y que no tenía relación con aspectos raciales: el color de la camiseta que se había asignado al participante. Una vez que se habían configurado los grupos, basados en este criterio del color de la ropa, los estudiantes que participaron en este estudio fueron sometidos a un procedimiento de condicionamiento de respuestas. En este proceso, que constaba de fases de habituación, adquisición y extinción, los sujetos veían imágenes con personas del propio o diferente grupo, mientras que se registraban sus respuestas de conductancia electrodérmica. En la fase de adquisición, los participantes recibían una pequeña descarga eléctrica (estímulo aversivo incondicionado) cuando se presentaban imágenes de miembros del propio y del otro grupo (estímulo condicionado).

Los resultados, como se muestra en la gráfica, evidenciaban que el estímulo aversivo se asociaba más rápidamente a los miembros del exogrupo que a aquellos del propio grupo. La conclusión que sacan de ello los autores, aunque tomada con las debidas cautelas, apuntaría a que la predisposición a adquirir determinadas respuestas con mayor facilidad no se limita a aquellos casos en los que el grupo se define en función de la raza y en los que además pueden operar estereotipos culturales o prejuicios históricos. Más bien, en general nuestro sistema de aprendizaje del miedo parece preparado para activarse más rápidamente, tras haber sufrido una experiencia aversiva, simplemente cuando los individuos se categorizan genéricamente como miembros de otro grupo, aunque esta categorización se haga en base a un criterio aparentemente arbitrario como en este caso era el color de la camiseta.

En suma, este artículo nos alerta sobre lo fácil que es, en primer lugar, autopercibirse como miembro de un grupo determinado y diferenciado de otros; y en segundo lugar, de nuestra tendencia a reaccionar psicofisiológica y emocionalmente de forma diferencial ante los miembros del endogrupo y el exogrupo, por irrelevante y aparentemente inocua que haya podido ser la definición de lo que es estar o no en el mismo conjunto social que uno mismo. Conocer este tipo de mecanismos con mayor profundidad nos ofrece sin duda una vía para estar alerta, identificar y afrontar los muchos prejuicios y reacciones emocionales negativas que se entrelazan en las fronteras de las distintas categorías sociales que nos unen, y a la vez nos separan, en grupos de todo tipo.

Volviendo a la imagen del comienzo, es muy posible hipotetizar que en este caso los seguidores ingleses y los suecos han sido capaces de trascender algunos de los límites que de entrada podían separar ambos grupos, como su nacionalidad o -también como en el estudio de Navarrete y colaboradores- sus camisetas (…la cota de malla en el caso inglés!). Es muy probable que, en el momento en que se tomó la fotografía, ni siquiera se percibieran como miembros de diferentes grupos sino como miembros de un mismo colectivo. ¿Cómo lograron esto siendo tan diferentes? Todo depende del criterio empleado para autodefinirse, y en este caso es muy posible que tanto ingleses como suecos se caracterizaran a sí mismos con la misma categoría inclusiva de “aficionados al fútbol” o de “personas que buscan diversión”.De hecho, en realidad tanto los tres ingleses como la afición sueca están formando parte del mismo engranaje que da sentido a la foto, están colaborando de alguna forma para producir el efecto que todos ellos saben que van a producir en cada persona que vea la imagen, y son -en una suerte de autoreflexión grupal- tal vez conscientes de que están jugando con los límites y las definiciones de “grupo social”. ¿Hay alguna forma mejor de cohesionar a personas diferentes en un grupo? Y sobre todo, ¿cuál es el efecto? pues bien, en el ejemplo vemos que una definición amplia e inclusiva de lo que es el intragrupo no sólo aleja el fantasma del “miedo al extraño” sino que incluso puede ser divertido.

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Puedes acceder a la página web de Carlos David Navarrete aquí.

Referencia del artículo:

ResearchBlogging.orgCarlos David Navarrete, Melissa M. McDonald, Benjamin D. Asher, Norbert L. Kerr, Kunihiro Yokota, Andreas Olsson, & Jim Sidanius (2012). Fear is readily associated with an out-group face in a minimal group context. Evolution & Human Behavior, 33 (5), 590-593 : 10.1016/j.evolhumbehav.2012.02.007