Motivaciones violentas en el bar

Imagina que un viernes por la noche sales a divertirte un poco con unos amigos, entráis en un bar y al abrir la puerta del local, lejos de la imagen de distensión, bromas y charla animada que esperabais ver, os encontráis asistiendo a una pelea entre clientes o, en el peor de los casos, a una verdadera batalla campal. ¿Por qué ocurre esto? Y dado lo relativamente frecuente de la escena, ¿cómo podrían ser estos bares más seguros? Estas cuestiones son las que se ha planteado un equipo de investigadores canadiense, encabezados por Kate Graham, que han venido desarrollando el proyecto Safer Bars. En su análisis, toman como punto de partida la teoría de las acciones coercitivas de Felson (2004), en las que se identifican cuatro tipos de motivaciones para la conducta agresiva:

  1. Sometimiento o dominación, utilizando la agresión para que el agredido acceda a satisfacer los objetivos del agresor, por ejemplo, logrando que la víctima haga o deje de hacer alguna cosa o consiguiendo algo de ella.
  2. Restitución, en la que la agresión es vista como una forma de defender los propios derechos y restaurar la justicia o como una respuesta a un trato que se percibe como injusto o a la violación de normas sociales de respeto y corrección.
  3. Afirmación o defensa de la identidad social, empleándose la agresión como una forma de autoafirmación de la propia identidad, ya sea como rasgo personal, indicativo de la pertenencia a un grupo social o como forma de “salvar la cara”.
  4. Diversión y excitación, contemplándose la agresión como un mero divertimento, fuente de estimulación y placer o una especie de reto.

El equipo de investigación llevó a cabo entre 2000 y 2002 un estudio de campo en el que parejas mixtas (hombre y mujer) de observadores previamente entrenados visitaron un total de 118 bares y clubs con capacidad para más de 300 personas. Se realizaron 1334 de estas visitas de observación los viernes y sábados por la noche, entre la medianoche y las tres de la madrugada, en locales de Toronto (Canadá). Los observadores se hacían pasar por clientes y llevaban a cabo su trabajo sin interferir en el comportamiento del resto de clientes y sin que los propietarios o el personal del local fueran informados con anterioridad. En total, reunieron una colección de 1057 incidentes de agresión de distinto grado de intensidad, en los que se vieron implicados 2700 clientes y 806 miembros del personal de los bares.

En uno de sus estudios, Graham et al. (2011) identificaron que la agresión con motivación de sometimiento, en el contexto de los bares nocturnos, típicamente adoptaba la forma de acercamientos o insinuaciones sociales no deseadas en las que se trataba de forzar a una persona en contra de su voluntad, intentos para conseguir algo del personal del bar, obligar a otra persona a prestar atención, intervenciones de una tercera parte para parar un conflicto o aplicación de las normas por parte del personal. La motivación de restitución, por otra parte, se activaba cuando alguien percibía que estaba siendo tratado de forma injusta, por ejemplo, cuando el cliente llegaba a pensar que el personal del establecimiento no le atendía convenientemente, cuando alguien invadía el espacio personal de otro, o en caso de ser objeto de una agresión directa. La motivación de agresión como fuente de afirmación identidad social también estaba presente en los bares nocturnos, por ejemplo, en conductas como bloquear el paso a otra persona –indicando así que se “es dueño” del territorio-, reclamando un estatus especial dentro del local, siendo públicamente posesivo con una pareja o acompañante o tratando de demostrar superioridad intimidando a alguien. Finalmente, la motivación de agresión por diversión se podía apreciar en comportamientos como molestar intencionalmente a otros en la pista de baile -por ejemplo, chocando contra ellos-, incitaciones o aproximaciones sexuales para molestar o acosar a otra persona sin intención de establecer interacción social, tratar de avergonzar a alguien para reírse de él, “romper las reglas” del local, o involucrarse en peleas o actos violentos que en principio no tenían que ver nada con uno mismo sólo por divertimento.

En cuanto a la forma de evitar o prevenir estos tipos de agresión, los investigadores sugieren fundamentalmente el tratar de que los conflictos no vayan en escalada y de que unas motivaciones agresivas no acaben desencadenando otras (por ejemplo, un acto iniciado con intención de dominación que acabe siendo una cuestión de identidad o de restitución de un agravio percibido). El papel del personal del establecimiento, y su capacidad para regular emociones de otras personas, también sería una de las claves en el control de la violencia.

En otro de sus estudios Graham y sus colaboradores (2012) informan de que el 77.5% de los actos agresivos eran realizados por hombres, y que los hombres –más que las mujeres- estaban motivados por temas de afirmación de la identidad y búsqueda se sensaciones en la agresión. En el caso de las mujeres, los motivos principales para la agresión eran de dominación o de restitución, a menudo elicitados de manera defensiva ante actos de insinuación o aproximación sexual no deseada. Curiosamente, un mayor grado de embriaguez se asociaba a agresiones más serias entre las mujeres, pero no entre los hombres; y los hombres más jóvenes y grandes tendían a involucrarse en actos agresivos más graves. Entre las manifestaciones de agresión con mayor tendencia a provocar una escalada del conflicto se encontraban aquellas motivadas por la autoafirmación de la identidad y la restitución frente a un agravio percibido.

El proyecto de Kate Graham y su equipo es reseñable por cuanto supone una aplicación de la teoría psicosocial a una situación concreta y cotidiana y por ser capaz de derivar a partir de ello implicaciones prácticas para la mejora de nuestras relaciones interpersonales, lo que dota a sus estudios de un particular interés. En definitiva, los autores arrojan luz sobre uno de los comportamientos menos lúcidos del ser humano, la conducta violenta.

Puedes obtener más información sobre el proyecto Safer Bars y publicaciones relacionadas aquí.

Referencias:

ResearchBlogging.org

Felson RB. (2004). A rational-choice approach to violence. In: Zahn MA, Brownstein HH, Jackson SL, eds. Violence: From theory to research. Cincinnati, OH: Anderson Publishing. pp. 71-90.

GRAHAM, K., BERNARDS, S., WELLS, S., OSGOOD, D., ABBEY, A., FELSON, R., & SALTZ, R. (2011). Behavioural indicators of motives for barroom aggression: Implications for preventing bar violence Drug and Alcohol Review, 30 (5), 554-563 DOI: 10.1111/j.1465-3362.2010.00252.x

Graham, K., Bernards, S., Osgood, D., Parks, M., Abbey, A., Felson, R., Saltz, R., & Wells, S. (2012). Apparent Motives for Aggression in the Social Context of the Bar. Psychology of Violence DOI: 10.1037/a0029677