Videojuegos, cerebro y violencia

La exposición a contenidos violentos a través de los medios de comunicación o en actividades lúdicas con contenido audiovisual, como el cine o los videojuegos, se ha relacionado con incrementos de agresividad en la audiencia o en los participantes en tales juegos. Sin embargo, no están del todo claros los mecanismos por los que la exposición continuada a la violencia acaba produciendo este aumento de agresividad. Bruce D. Bartholow y sus colaboradores plantearon en 2006 una interesante hipótesis. Según estos autores, la exposición crónica a la violencia en los medios provocaría la desensibilización de la audiencia ante la violencia del mundo real, al embotar y desactivar las reacciones aversivas e inhibiciones que actúan como barreras para el comportamiento agresivo. Esta desensibilización, argumentan los investigadores, tendría su correlato encefalográfico en la amplitud del componente P300 del potencial cerebral relacionado con eventos (ERP).  Lo esperable es que la presentación de imágenes violentas dentro de un contexto de imágenes neutrales elicitara amplios potenciales P300. Sin embargo, en el caso de aquellos que están desensibilizados ante la violencia, la onda P300 se verían reducida.  Para someter a prueba su hipótesis, Bartholow et al. pusieron en marcha un estudio que incluía medidas del grado de exposición a la violencia en videojuegos, agresividad-rasgo, conducta agresiva y datos de registros electrofisiológicos, en una muestra de 39 alumnos universitarios con una media de edad de 19.5 años. Los resultados señalaron que las imágenes violentas elicitaban amplitudes reducidas en el componente P300 entre los jugadores de video juegos violentos, en comparación con los jugadores de videojuegos no violentos.

Esta respuesta cerebral aminorada ante la violencia predecía además un incremento de la conducta agresiva en una tarea posterior, incluso tras controlar las posibles diferencias en agresividad-rasgo de los participantes. Los autores concluyen que la exposición crónica a la violencia, en este caso a través de videojuegos, podría tener su reflejo en el comportamiento y funcionamiento del cerebro.

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Referencia del artículo:

ResearchBlogging.orgBartholow, B., Bushman, B., & Sestir, M. (2006). Chronic violent video game exposure and desensitization to violence: Behavioral and event-related brain potential data Journal of Experimental Social Psychology, 42 (4), 532-539 DOI: 10.1016/j.jesp.2005.08.006